¿El fin del diseño como profesión?

La actual recesión económica, la evolución de las necesidades de la sociedad y la irrupción de la ya llamada Tercera Revolución Industrial hacen replantear la finalidad del diseño en todos sus ámbitos

Por Miguel García
Diseño según Gillo Dorfles

"Todo lo que he diseñado es absolutamente innecesario. La sociedad está llevando a cabo una estrategia de desmaterialización: cada día se trata más acerca de la inteligencia, y menos acerca de lo material. En el futuro no habrá diseñadores. El diseñador del futuro será el entrenador personal, el entrenador de gimnasio, el dietista."

Así de contudente se mostraba Philippe Starck en una entrevista para el magazine del diario alemán Die Zeit allá por 2008. A pesar de lo exacerbado de sus palabras, sí que se intuye, más aún habiendo pasado algunos años de aquella entrevista, un cambio en los comportamientos de consumo de la sociedad occidental. En una presentación previa, en el TED2007 celebrado en California, ya ponía de manifiesto la importancia de los ciclos históricos, y con la llegada de períodos marcados por conflictos bélicos lo inapropiado del diseño y el arte en su existencia misma. "Significa que cuando la barbarie está de vuelta, olvídense de las sillas bellas, los bellos hoteles. Debemos ir de vuelta a la política, a la radicalización, ...". Y es que con la llegada de la actual recesión económica, las crisis demográficas y los éxodos masivos por distintos motivos, la pobreza energética, la corrupción, el terrorismo, (todo eso es a lo que él se refiere realmente como barbarie), lo que hemos entendido por diseño hasta el momento ya no tiene razón de existir.

El icónico exprimidor de Starck

Términos como "mobiliario de diseño", "pisos de diseño", "platos de diseño", han sido comunes para exaltar alguna cualidad de aquello a lo que se refiere, la mayoría de las veces sin conocimiento de causa y pretendiendo hacer del mantra "de diseño" un sinónimo de lujo. ¿Es que acaso todo lo demás que nos rodea y usamos a diario no necesita ser diseñado?. Casi siempre las palabras "de diseño" han acompañado a aquellos objetos e ideas que no han sido comprendidos, por diferenciarse enormemente en forma o función de los de su tipología, o por "excéntricos". El "Juicy Salif" es un exprimidor de cítricos diseñado por Starck en 1990 y está considerado como una joya de coleccionistas y un icono del diseño industrial. Sin embargo, como el propio Starck afirma en su ponencia del TED2007, resulta un producto concebido en plena "Trampa de la Vertical", un producto entre objeto cotidiano y obra de arte. De hecho existe hasta una versión recubierta de oro que no puede usarse para el fin al que en principio está destinado, debido a que el ácido cítrico del limón decolora y erosiona el baño.

Alhóndiga Bilbao, reformada con la intervención de Starck en 2010

El concepto de arte ha ido variando a lo largo de la historia. En la antigüedad clásica grecorromana se consideraba este como una habilidad del ser humano en cualquier terreno productivo, siendo prácticamente un sinónimo de "destreza". Destreza para construir un objeto, para comandar un ejército, etc. En definitiva, cualquier habilidad sujeta a reglas, a preceptos específicos que la hacen objeto de aprendizaje y de evolución, y perfeccionamiento técnico. Entraban en esa denominación las actuales bellas artes, la artesanía y las ciencias . Durante el Renacimiento se empezó a gestar un cambio de mentalidad, separando las artes de los oficios y las ciencias. En el siglo XVI empezó a considerarse que la arquitectura, la pintura y la escultura eran actividades que requerían no sólo destreza, sino también un tipo de concepción intelectual que las hacían superiores a otros tipos de manualidades. En este cambio intervino considerablemente la progresiva mejora en la situación social del artista, debida al interés que los nobles y ricos italianos empezaron a mostrar por la belleza. El término "bellas artes" acuñado por Charles Batteux en 1746 quedó fijado como definición de todas las actividades basadas en la elaboración de objetos con finalidad estética, producidos de forma intelectual y con voluntad expresiva y trascendente. Así, desde entonces las artes fueron "bellas artes", separadas tanto de las ciencias como de los oficios manuales. Los productos del artista adquirieron un nuevo estatus de objetos destinados al consumo estético, surgiendo a finales del siglo XIX el esteticismo (la ornamentación promovida por William Morris y el movimiento "Arts & Crafts"), que fue una reacción al utilitarismo imperante en la época y el materialismo de la naciente era industrial. Fue Henri Van de Velde a principios del siglo XX, arquitecto del Art Noveau, quien planteó que el ornamento no debía tener la función de decorar la forma sino estructurarla. Así fue como se comenzaron a tomar en cuenta principios racionalistas, donde la forma del objeto debía responder a sus condiciones de uso y a las técnicas empleadas para su fabricación, lo que aportó una primera aproximación a lo que hoy en día se entiende por "diseño". Sería cuando, además, comenzaron las distinciones entre las ramas tradicionales del diseño de acuerdo a su campo de acción: gráfico, textil, industrial, joyas e interiores, íntimamente ligadas al progreso tecnológico impulsado por la "Segunda Revolución Industrial". Hoy en día, pareciera estar bien separado el hecho de que el fin último del arte y del diseño, así como su metodología y consideraciones, son muy diferentes, aun cuando veamos como artísticos algunos diseños.

Es tiempo de reformular la finalidad del diseño

En una búsqueda de nuevas formas e imágenes, el mundo de las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial observó el desarrollo de la imagen conceptual llevada a la línea del diseño industrial y visual. El diseño, tomando en cuenta las anteriores referencias, es fruto del aporte del arte, de las consideraciones estéticas de su época, de las teorías psicológicas que Freud y la Gestalt establecieron sobre los principios de la percepción visual y el comportamiento, y de la capacidad intelectual y técnica de crear formas, imágenes, conceptos y objetos con finalidades específicas, entre ellas el fomento del consumo a partir de la década de los 50. En este sentido tanto el diseño visual, ámbito donde se observa mayor influjo artístico, como el diseño industrial, dan a entender que poco a poco el arte se fue implicando en la fabricación de los objetos de uso cotidiano, para dar origen a lo que hemos entendido por diseño hasta hoy en día. Y es resultado de una cultura de productos iniciada a partir de la reproductividad en masa. Todo esto se hizo posible gracias a los adelantos tecnológicos, que acrecentaron la producción y, de forma paralela, el consumo (aun de productos superfluos que comenzaron a ser publicitados como imprescindibles). Para ello, se utilizaron dos elementos: la publicidad y la obsolescencia programada, como forma de mantener la máquina continuamente en marcha. Hasta este momento de nuestra historia; la crisis, la inflación, el desempleo, la irrupción de la "Tercera Revolución Industrial" y la preocupación por la contaminación en las ciudades han provocado un brusco frenazo en el consumo y un cambio de mentalidad que desemboca en el "Postmaterialismo". Aunque afirmar que los diseñadores desaparecerán es una exageración propia de la personalidad de Starck (al igual que Javier Mariscal afirmaba ser un "mantero" tras cerrar su estudio por falta de encargos), lo que sí está claro es la necesidad de reformular esta profesión, bajo la denominación "diseño" o quizá nuevos términos. Conceptos como UX, branding de lugares, "Internet de las cosas", "Do It Yourself", bioingeniería y ecodiseño, social media, realidad virtual inmersiva, infografía, videomapping y motion graphics, imagen corporativa (ya no sólo identidad visual corporativa), gamificación, son cada vez más comunes en detrimento de la palabra "diseñador", que pierde exponecialmente su identidad como profesión en virtud de estos términos.

Museo de La Vida en La Muela - Aragón

El diseño, en especial el diseño gráfico, siempre ha sido un instrumento de invitación al consumo y al servicio de la publicidad. El problema radica en que nunca ha aportado un valor real en sí mismo, su estrecha relación con el marketing y las campañas publicitarias ha hecho depender de las necesidades de estas áreas para encomendar la realización de algún tipo de servicio. No olvidemos, por ejemplo, la situación provocada por el "boom" vivido hace pocos años en la que se pretendía construir todo tipo de museos en los lugares más recónditos de nuestro estado, con la utópica idea de atraer al turismo (sin nisiquiera haber realizado previamente estudios de viabilidad o habernos cuestionado si realmente interesarían a la ciudadanía). Sólo hay que pensar en la cantidad de recursos y dinero invertido en crear toda aquella imaginería con la única finalidad de ilustrar proyectos para convencer de su puesta en marcha.

Fallido Museo de los Sanfermines en Pamplona

Hechos como éstos ilustran la labor del diseñador gráfico en los últimos años. Aunque con algunas excepciones, un "técnico" a las órdenes de los puestos inmediatamente superiores de la organización o, a lo sumo, de los deseos del propio cliente. Y es que, en el momento en que el diseñador deja de tomar decisiones, o estas ya no son tenidas en cuenta por diversos motivos, esta profesión y al igual que muchas otras, se vulgariza y se desvirtúa. "Ponme esto de aquel color; aquello más grande; no me gusta; mezcla las dos ideas; ..." son órdenes que se suelen escuchar por motivos más o menos mundanos. Y de poco servía, casi siempre, apelar a la razón, a los conocimientos sobre percepción visual e identidad cultural, al hecho objetivo del diseño dejando de lado los gustos personales y las tendencias. Y es que, en el momento que comprendemos mínimamente el flujo de trabajo de "Photoshop", tenemos acceso a las herramientas y medios de producción, y somos los gestores responsables de los gastos de impresión y materiales, todos nos creemos con aptitudes para ser "diseñadores". Con la actual "democratización" de la capacidad para diseñar y toma de decisiones en los proyectos llevados a cabo, esta actividad se encuentra en un profundo cambio de roles junto con otras áreas y profesiones, que se entremezclan dando lugar a nuevos conceptos como los citados anteriormente.

Con la caída de aquel tipo de proyectos faraónicos y sinsentido, de "iniciativa pública", y el descenso del consumo, las labores atribuidas anteriormente a esta profesión han pasado a ser en muchas corporaciones íntegramente realizadas por los departamentos de marketing o encomendadas a agencias de publicidad como servicio externalizado. Con el descenso de demanda del mercado actual, ya no hace falta contar con un diseñador contratado a tiempo completo que se encargue de "manejar" las herramientas informáticas para crear imágenes. En el mejor de los casos se han fusionado dentro de los departamentos de marketing viendo desaparecer los de diseño tradicionales. Es así como se vislumbra el fin de esta profesión, que quizá se vea abocada a la transformación, a la conversión, junto con otro tipo de habilidades digitales. Diversificar conocimientos y funciones dentro de la empresa, y bajo un perfil multidisciplinar y transversal, es quizá el futuro de la actividad que día a día se ve más influenciada por otras, como la programación y las destrezas informáticas en general.

La realidad del diseño industrial, de interiores, textil y hasta la arquitectura presentan unos problemas de diferente naturaleza. Starck afirmaba en aquella entrevista al diario alemán en 2008: "Cuando comencé, los objetos de diseño eran solamente objetos hermosos. Nadie podía comprarlos; el diseño significaba elitismo". Y ese precisamente ha sido el error que nos ha llevado a formular ideas desfavorables para la sociedad: crear objetos y entornos triviales, con la única finalidad de la notoriedad al poseerlos, y no los beneficios de su uso y disfrute para mejorar nuestra calidad de vida.

De la misma forma que el arte (como sinónimo de destreza) derivó en las bellas artes, en la ornamentación y en el diseño después unido al consumismo, en todas sus especialidades (gráfico, industrial/ producto, interiores, moda, etc.), no resulta extraño pensar en una nueva escisión, que se desarrolla en este momento acompañado también de cambios sociales y económicos. Para que la "actividad diseñística" no caiga en el olvido y sea un mero instrumento al servicio del marketing es primordial la generación de productos y servicios con valor propio, y con una clara vocación de mejorar aspectos de nuestra vida cotidiana. Siempre existirán necesidades merecedoras de soluciones acordes, viables y realistas en la relación calidad - beneficio de uso y precio. La celebración de ferias y jornadas que permitan el intercambio de conocimientos entre profesionales, las experiencias basadas en la "impronta" creada en la participación de eventos multitudinarios y, sin lugar a dudas ya, la generación de nuevos modelos de negocio con la tecnología como pilar básico, son caminos que abren nuevos horizontes a una profesión que, lejos de desaparecer, verá sus tradicionales funciones integradas bajo las nuevas denominaciones de sectores emergentes: arquitecto de información, experto en usabilidad, infografista, analista funcional, product manager, especialista SEO, ...